Perros Corgi: La Pasión Canina de la Reina Isabel II

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La reina Isabel II, un símbolo de constancia y servicio, también fue una ferviente amante de los animales, y en particular, de los perros de la reina Isabel. Su devoción por la raza Corgi galés de Pembroke es bien conocida y forma parte de la imagen icónica que la rodeaba. A lo largo de su vida, la soberana británica llegó a tener cerca de treinta de estos pequeños y vivaces canes, convirtiéndolos en compañeros inseparables y en un símbolo de su conexión con la tradición y la vida familiar. La historia de la reina y sus Corgis es una historia de amor, lealtad y un vínculo que trascendió las formalidades del protocolo real.

Este amor por los Corgis no fue una simple afición, sino una parte integral de la vida de la reina. Los perros de la reina Isabel formaban parte de su círculo íntimo, acompañándola en sus compromisos oficiales, en sus momentos de descanso en el campo y hasta en sus viajes. Su presencia constante proporcionaba a la monarca consuelo, alegría y una sensación de normalidad en medio del ajetreo de su vida pública. La raza Corgi, con su personalidad juguetona y su lealtad inquebrantable, se convirtió en un reflejo de la propia reina: discreta, dedicada y siempre presente para aquellos que la necesitaban.

El Comienzo de una Tradición Real: Susan, la Primera Corgi de la Reina

La historia del vínculo entre la reina Isabel II y los Corgis comenzó en 1944, cuando, con motivo de su decimoctavo cumpleaños, recibió como regalo a Susan, una cachorra de Corgi galés de Pembroke. Susan no era solo una mascota, sino una compañera que la acompañaría en los momentos más importantes de su vida. Incluso formó parte de su luna de miel, lo que demuestra la importancia que tenía para la joven princesa. Susan marcó el inicio de una tradición familiar que se prolongaría durante décadas, convirtiendo a los Corgis en una presencia constante en el Palacio de Buckingham y en otras residencias reales.

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Esta tradición, sin embargo, tiene raíces aún más profundas en la familia real. El padre de Isabel, el rey Jorge VI, fue quien introdujo la raza Corgi en la familia real británica en 1933, con la llegada de Dookie. Este primer encuentro con la raza dejó una huella imborrable en la joven Isabel, quien rápidamente se enamoró de estos pequeños y enérgicos perros. La pasión por los Corgis se transmitió de generación en generación, convirtiéndose en un símbolo de la familia real británica.

Más que Mascotas: Los Corgis Como Parte de la Familia Real

Los Corgis de la reina no eran simplemente mascotas, eran miembros de la familia real. Vivían en el Palacio de Buckingham y en otras residencias reales, disfrutando de una vida de lujo y comodidades. Contaban con su propio personal, encargado de alimentarlos, cuidarlos y llevarlos a pasear. La reina se involucraba personalmente en su cuidado, supervisando su dieta y asegurándose de que recibieran la atención que necesitaban.

La presencia de los Corgis era constante en la vida diaria de la reina. La acompañaban en sus paseos por los jardines del palacio, la seguían a sus reuniones y hasta dormían en cestas junto a su cama. Su presencia reconfortante y su lealtad incondicional proporcionaban a la reina un respiro del estrés y la presión de su cargo. Los perros de la reina Isabel eran, en muchos sentidos, sus confidentes y compañeros más cercanos.

La Reina Como Criadora: Un Compromiso con la Raza

Además de ser una amante de los Corgis, la reina Isabel II también fue una criadora apasionada. Durante décadas, crió a sus propios Corgis, contribuyendo a la preservación y el desarrollo de la raza. Su programa de cría era meticuloso y cuidadosamente planificado, con el objetivo de producir perros sanos, fuertes y con un temperamento equilibrado.

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La reina se preocupaba profundamente por el bienestar de sus perros y se aseguraba de que recibieran los mejores cuidados posibles. Supervisaba personalmente el proceso de cría, desde la selección de los padres hasta el cuidado de los cachorros. Su dedicación y experiencia contribuyeron a mejorar la calidad de la raza Corgi galés de Pembroke en el Reino Unido y en todo el mundo.

Sin embargo, en los últimos años de su vida, la reina tomó la decisión de dejar de criar Corgis. Esta decisión se debió a su preocupación por el futuro de los cachorros después de su fallecimiento. No quería dejar a ningún perro huérfano y se aseguró de que todos sus Corgis tuvieran un hogar seguro y amoroso.

La Popularidad de los Corgis: Un Legado Canino

La reina Isabel II no solo fue una amante y criadora de Corgis, sino también una embajadora de la raza. Su constante presencia con sus Corgis en eventos públicos y en los medios de comunicación contribuyó a popularizar la raza en todo el mundo. La imagen de la reina rodeada de sus pequeños y vivaces perros se convirtió en un símbolo de su personalidad cálida y accesible.

En un momento dado, la raza Corgi galés de Pembroke estuvo en peligro de extinción en el Reino Unido. Sin embargo, gracias a la popularidad que le dio la reina Isabel II, la raza experimentó un resurgimiento y se convirtió en una de las razas de perros más populares del país. Incluso su aparición en la serie "The Crown" contribuyó a revitalizar el interés por la raza.

El legado de la reina Isabel II en el mundo canino va más allá de su amor por los Corgis. Su dedicación a la raza contribuyó a su preservación y popularización, convirtiéndola en un símbolo de la cultura británica. Los perros de la reina Isabel son un testimonio de su amor por los animales y de su compromiso con la tradición y la vida familiar.

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Dorgis: Una Nueva Aventura Canina

Hacia el final de su vida, la reina recibió como regalo dos "dorgis", un cruce entre un Corgi y un Dachshund (perro salchicha). Estos perros, Candy y Vulcan, le brindaron compañía y alegría en sus últimos años. Aunque Vulcan falleció poco después, Candy permaneció a su lado, recordándole su larga y fiel relación con los Corgis.

La llegada de los dorgis a la vida de la reina demuestra su apertura a nuevas experiencias y su capacidad para amar a los animales, independientemente de su raza o pedigrí. Candy, como los Corgis que la precedieron, se convirtió en una parte integral de la familia real y acompañó a la reina hasta sus últimos días.

Un Adiós a los Compañeros Fieles: El Legado Perdura

La muerte de la reina Isabel II marcó el fin de una era, no solo para el Reino Unido y la Commonwealth, sino también para el mundo canino. Con su partida, se cierra un capítulo en la historia de la relación entre los humanos y los animales, una historia marcada por el amor, la lealtad y el compañerismo.

Aunque los Corgis de la reina ya no están a su lado, su legado perdura. Su imagen permanecerá grabada en la memoria colectiva como un símbolo de la reina Isabel II, la monarca que amaba a los animales y que encontró en los Corgis a sus compañeros más fieles. Los perros de la reina Isabel son un testimonio de su humanidad y de su capacidad para conectar con las personas y los animales de todas las clases sociales. Su amor por los Corgis será recordado como una parte integral de su legado.

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